miércoles, 2 de agosto de 2017

Quedarse a solas...

Me quedó:
el abrazo sincero de mi madre,
el silencio arropador de mi padre,
la risa de mis hijos,
el beso en el pasillo de mi amante.


Me quedó:
la riña especial de mis amigas,
la mano salvadora de otras tantas,
la fuerza para seguir adelante.

Me ha quedado la posibilidad de vivir
que se le ha negado a los ausentes.

Creo que, al final, lo tengo todo,
en realidad, lo que perdí nunca fue mío.

No se pierde o se gana,
cada minuto robado al tiempo es una ganancia.

Carmen Martagón

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